Apreciaciones sobre la celebración del Día de la Resiliencia 2015.

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Apreciaciones sobre la celebración del Día de la Resiliencia 2015.

Cada persona y cada institución tienen en su haber espiritual fechas que recuerdan momentos trascendentes  que marcan un mojón en la historia de cada uno. Para C.I.R.RO. el 27 de Julio de cada año nos invita a reflexionar sobre la valentía de las madres que a pesar de sus limitaciones físicas –madres en sillas de ruedas- se atreven a gestar una nueva vida y a hacer que ella florezca en sus hijos.

El día 1º de Agosto de 2015 en nuestra sede nos reunimos para celebrar el primer año del día de la Resiliencia en Rosario. En el evento se designaron como Socios Honorarios al Dr. Prof. Rubén L. Vasconi, a la Prof. Silvana Sandri de Méndez y al Dr. Juan Leandro Artigas por su destacada labor educativa, y aportes y difusión de las Ciencias Sociales.

El Dr. Vasconi nos honró con una disertación: “Pasado y Memoria”que continuó con un enriquecedor diálogo con los asistentes.

El contenido de sus palabras resaltó la ineludible presencia del pasado en el presente de cada persona, pero que ejerciendo su libertad puede privilegiar determinados acontecimientos, éstos, serán hitos significativos para la continuidad de su vida. Su futuro se construirá en forma positiva si la elección de los hechos del pasado son superadores.

Nuestro invitado nos permitió abordar el tema de la Resiliencia y fue el resultado de la        participación conjunta.

Agradecemos la presencia de los Socios Honorarios y de los demás asistentes que nos acompañaron en esta celebración tan importante para la Fundación.

Conferencia del Dr. Rubén L. Vasconi

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PASADO Y MEMORIA
Nos preguntamos:

1- ¿Es el pasado una realidad inamovible? ¿Es verdad que lo que ocurrió, ocurrió, y no podemos hacer nada para cambiarlo? Podemos moldear, proyectar, tratar de cambiar nuestro futuro, pero no podemos alterar nuestro pasado.

Si nací en Casilda, nací en Casilda. Si viví la mayor parte de mi infancia y adolescencia en Venado Tuerto, eso no se puede cambiar. Esto es lo que soy porque es lo que he sido: casildense primero y después venadense.

Este pasado es una pesada mochila que cargo sobre mis espaldas. Me aplasta, me abruma, me impone un ser que no puedo evitar. Y si ha sido un pasado de dolores o fracasos, esta mochila me condena a una vida desdichada ¿Será esto verdad?

2.- El existencialista J. P. Sartre en “El ser y la Nada”, nos presenta algunas interesantes reflexiones sobre el pasado, allí nos dice: el pasado, en lugar de ser una realidad acabada e inamovible está en constante reelaboración. No soy ahora el producto necesario de un pasado inmutable que me impulse hacia un futuro inevitable sino que voy rehaciendo constantemente mi pasado. Yo decido ahora el pasado que elijo tener. Está siempre, nos dice, en sursis, demorado, en suspenso. ¿Será esto verdad?

3.- Vayamos a los hechos. Si alguno de Ustedes me dijera:”Le voy a contar mi vida” ¿Contaría todo lo que hizo en 20, 50 o 70 años? “El 1º de agosto de 1956 me levanté a las 7 de la mañana, me lavé la cara, me dirigí a la cocina para prepararme el desayuno, etc. Sería como Funes el memorioso, ese curioso personaje de un cuento de Borges que podía recordar con total exactitud lo que había vivido el día anterior, pero le insumía un día entero contarlo.

Ante esta pregunta mis alumnos me dicen siempre: “Contaría lo importante” Pero, ¿qué es lo importante? Para tomar la sopa, la cuchara; para comer el bife, el tenedor y el cuchillo.

Yo contaría que a los 14 años leí las Confesiones de San Agustín, un ladrillo que no he vuelto a leer en mi vida. Sin duda es importante para el pasado de quien después se convirtió en Prof. de Filosofía. No les contaría que a esa edad andaba mucho en bicicleta. Esto no es pertinente a la historia personal de un profesional de la Filosofía. A menos que hoy decidiera dedicarme con pleno entusiasmo al ciclismo.

Entonces me diría: Pero claro, si a mi lo que me gustaba realmente era la bicicleta. Pero estuve perdiendo el tiempo con estas tonterías de San Agustín y la Metafísica.

Ahora descubro lo que siempre he sido, mi verdadero ser, un ciclista de alma. Y me habría hecho un nuevo pasado, no de filósofo sino de deportista.

Busquemos un ejemplo más importante y significativo, un episodio de mi vida cuando estaba en el comienzo de la escuela primaria, 7 u 8 años. Recuerdo el vestíbulo de mi casa donde se encontraba una radio Telefunken, de las antiguas, con lámparas que cuando la encendíamos despedía tanto calor que se la podía utilizar como estufa. Por esa radio escuché una noticia: sobre el garaje de una casa de Mar del Plata había caído un aerolito. Yo sabía lo que era y lo que podía hacer un aerolito. Miré hacia el cielo y no sentí temor sino que experimenté serenamente y con absoluta claridad una certeza: la finitud de la vida, la inminencia de la muerte.

En ese momento comenzó mi vida personal, el desapego hacia lo que algunos consideran lo importante de la vida, poder, riqueza, la sorpresa al despertar cada día, de estar todavía viviendo. Tal vez, por eso, me dediqué a la filosofía.

¿O, al revés, porque me dediqué a la filosofía recuerdo tan claramente la noticia del aerolito?

4.- Si consideramos objetivamente nuestro pasado constatamos que hemos hecho de todo. Hice tortitas de barro, podría se pastelero; jugábamos a los indios, policías o ladrones, podría ser un salvaje o un delincuente; como bailaba el boogie, podría inscribirme en el show de Tinelli. Tendríamos en nuestro pasado razones para ser infinitas cosas.

Pero aunque los hechos efectivamente ocurrieron, no son mi pasado. Mi verdadero pasado han sido el aerolito y San Agustín. ¿Quién lo afirma? Yo, que ahora, he decidido dedicarme a la filosofía. Los hechos están ahí, pero soy yo quien ahora les otorga un sentido y un valor.

5.- En la naturaleza el pasado es el tiempo primordial: el día de hoy es consecuencia del día de ayer. En la vida humana, en cambio, el tiempo primordial es el futuro: lo que seré (futuro) decide lo que soy (presente) y lo que he sido (pasado).

Si nuestro pasado nos atormenta, ¿podríamos cambiarlo? Sí, cambiando nuestro futuro, dirigiendo nuestra vida hacia otra dirección. Nacería entonces un nuevo pasado y lo que nos atormentaba habría desaparecido.

¿Será esto verdad?

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