“Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida”

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“Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida”

Boris-CyrulnikNacido en Burdeos en 1937 en una familia judía, Boris Cyrulnik sufrió la muerte de sus padres en un campo de concentración nazi del que él logró huir cuando sólo tenía 6 años. Tras la guerra, deambuló por centros de acogida hasta acabar en una granja de la Beneficencia. Por suerte, unos vecinos le inculcaron el amor a la vida y a la literatura y pudo educarse y crecer superando su pasado.

“No es fácil para un niño saber que le han condenado a muerte”, recuerda ahora sin aparente amargura. Él logró escapar y comenzar una vida nómada que le arrastró por orfelinatos y centros de acogida. Era el típico caso perdido, un patito feo condenado a llegar a la edad adulta convertido en un maltratador, un delincuente o un tarado. Pero no fue así. Cyrulnik conoció a unos vecinos que le descubrieron el lado afable de la vida, le trataron como a una persona y le animaron a estudiar psiquiatría. Hoy es feliz, adora a la familia que ha formado y se ha convertido en uno de los analistas del comportamiento humano más importantes del mundo.

Boris Cyrulnik: “Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida”; 7ª edición. España. Gedisa; 2006 (pág. 238)

2978276589_48c390e19a_oEn este libro Cyrulnik recurre a numerosos casos tomados de la vida real para enseñarnos que una infancia dura y traumática no predetermina necesariamente la vida adulta: “un golpe de la fortuna es una herida que se inscribe en nuestra historia, no un destino”. Su propia vida constituye quizás uno de los más relevantes ejemplos.

Ante el trauma, ciertos recursos internos son capaces de actuar como mecanismos de autoprotección con efectos amortiguadores. A una primera cicatrización de la herida sigue la metamorfosis de su representación, pero también la comprensión de la inseguridad del cierre de las grietas producidas. El pasado, aunque no se olvide, será pensado de un modo que resulte tolerable y será entonces posible una vida feliz.

La clave del proceso está en la resiliencia, descripta metafóricamente como el arte de navegación en los torrentes. El resiliente lucha por no dejarse arrastrar por la corriente producida por los traumas, corriente que le llevará en una dirección no deseada hasta que una mano tendida le permita retomar el curso de la existencia.

Al respecto y a modo de cierre de la obra, Cyrulnik cita unos versos de Brassens diciendo “…quizás debido a su propia historia comprendió que basta una minúscula señal para transformar a un patito feo en cisne:
Tuya es esta canción,
Para ti auvernés, que, sin cumplidos,
Me diste cuatro trozos de pan
Cuando en mi vida había hambre”

La lectura del libro, sin duda interesante para los especialistas, es particularmente enriquecedora para quienes somos padres y docentes. Es una invitación a aceptar a un niño con su propia historia, apoyarlo en la elaboración de sus conflictos cualquiera sea el rol que nos competa, devolverle la esperanza y ayudarlo a proyectarse en el futuro recuperando el lazo social.

Profesora Estadística Mercedes Leiva.

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